De indirectas.

Lo bueno de no hacer nada, como siempre digo, es que tienes todo el tiempo del mundo para pensar, los hay asustados por este motivo, y los hay que aceptamos nuestra pequeñez en esta película.

Digamos que hay una categoría de temas “socialmente aceptados” y más cuando nos machacan horas y horas con ello en la televisión.

La tele se ha convertido en un fabrica idiotas, pon un modelo en la ella y tendrás unos cuantos subnormales imitando su forma de hablar, su forma de vestir, y su actitud respecto a los demás.

Esa gente, que vive de lo que ve en la tele, necesita un argumento al que agarrarse cuando para su desgracia, en sus vidas se cruzan los enemigos de la Idiocracia, y este argumento es una amalgama de frases del tipo… flipo con la peña, vive tu vida y déjame vivir la mía, como te aburres colega,  a veces, te confirman insultándote personalmente que has llegado lejos en la reflexión. Pero fuera de su ataque preventivo no hay un argumento.

Conocí una persona que me acuso de usar las redes sociales para lanzar indirectas pero que luego a la cara me cagaba y salía corriendo…

Y ahí me quede, no avancé… le di más y más vueltas al asunto, pensé y pensé en las indirectas y el efecto que tienen en las personas.

Criticamos a los que lanzan indirectas pues son puyas que se ponen en el aire anónimamente, y es ahí donde yo encuentro su grandeza, leo a diario indirectas, de unos hacia unos, de otros hacia otros, las leo, y… no me doy por aludido.

Y es ahí donde está la magia de la indirecta, llega a la gente que no tiene la conciencia tranquila, creo que no debemos enfadarnos con la gente que lanza indirectas, debemos enfadarnos con nosotros mismos por habernos convertido en personajes y no personas.

 

Kaly
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